Temporal
Mi propio tiempo siempre está vencido
Mi cuenta interna: tripa, sangre, célula primera y última.
Mis imágenes, mis ritmos, mis silencios. Todos vejados por la inmensa máquina de la ilusión.
La proyección masiva construye otro ser, otros seres inconsistentes, inexactos y deseosos de lo perfecto.
Ellos, que no existen, se comunican, ríen, compran y devoran el banquete del horror, hecho de nada.
Y en el fondo de los fondos una montaña de materia viva, de huesos, ojos y músculo se olvida de sí y de los que la habitan.
Relojes que funcionan con un tic tac absurdo. Devenir que convoca a la verdad que cuenta los períodos del día y, al fin, nuestros destinos.
Los caminos que van a ningún sitio, son transitado por seres verdaderos sin pancartas, sin intenciones.
El murmullo de las almas, la montaña hecha de cuerpos ya no cuentan en el próximo suspiro de la aguja.
Construcciones de puntos holográmicos que resultan esos seres que intentamos ser, sirviéndonos los unos de los otros, desoyéndolo todo, desoyéndonos.
Aquí, otra vez, para deleite de los ciegos y de los poseídos.
Aquí, otra vez, para evocar a quienes fuimos, a quienes fui, a quien resulte ser.
Estoy.
Sin el tiempo en el que soy,
con un sueño vivo.
Siempre tarde,
porque hoy,
ya no hay tiempo.
Pablo Rego ©2005
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